Diseñar para personas reales cambió mi perspectiva. Antes de realizar las entrevistas pensaba que el mayor problema era encontrar vivienda. Hablar con usuarios me hizo entender que la soledad y la incertidumbre tenían un impacto mucho mayor en su experiencia, y que las necesidades emocionales también forman parte del diseño.
No hay que enamorarse de la primera idea. Durante el proceso descubrí que algunas funcionalidades que inicialmente consideraba importantes no respondían realmente a las necesidades detectadas. Aprendí el valor de iterar y dejar que la investigación guiara las decisiones de diseño.
La investigación es la base de un buen producto. Este proyecto me enseñó que entrevistar a usuarios, sintetizar información y convertir hallazgos en insights es tan importante como diseñar las pantallas. Un buen diseño empieza mucho antes de abrir Figma.
Las pequeñas decisiones de diseño también generan impacto. Elementos como una barra de progreso, recordatorios o mensajes de apoyo pueden parecer simples, pero ayudan a que el usuario sienta mayor control y motivación durante una situación estresante.